Chewy, un Shih Tzu de 7 años, pasó meses vagando por las calles de Austin, Texas. Su destino parecía incierto hasta que el personal de la Residencia Filomena, un centro de asistencia para adultos mayores, lo rescató.
Al intentar devolverlo, su antiguo dueño se negó a recibirlo de nuevo. Entonces ocurrió lo inesperado: los 78 residentes del lugar decidieron adoptarlo de manera unánime. Desde ese día, Chewy dejó de ser un perro callejero para convertirse en el “perro ejecutivo” de la residencia.
Con su sonrisa chimuela y su carácter juguetón, recorre los pasillos saludando a todos, acompaña a pacientes en cuidados paliativos y regala alegría a quien lo necesita. Para muchos, más que una mascota, se ha convertido en familia y en una fuente diaria de cariño.
La historia de Chewy recuerda que las segundas oportunidades cambian vidas, y que a veces un perro puede llenar de luz un hogar entero.
