Entre los olvidados, seguimos respirando… esperando una mano que nos alcanzara

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Nos quedamos allí, juntos, buscando el último rastro de calor en medio de los largos días sin que nadie se fijara en nosotros. Cada respiración era un esfuerzo, cada parpadeo un intento de olvidar el hambre y el miedo. Nadie nos contaba, solo se sabía que había muchos ojos que alguna vez brillaron y que ahora estaban opacos por el cansancio.

Hasta que un día, aparecieron otras manos. Ya no eran pasos que se alejaban, sino pasos que se acercaban. Se inclinaron, nos tocaron con suavidad, como temiendo herir más las heridas demasiado profundas. Alguien susurró algo, con una voz temblorosa pero cálida, y por primera vez en mucho tiempo escuchamos el sonido del cuidado.

Ahora estamos en otro lugar. No es el paraíso, pero hay comida, hay agua y hay miradas que nos ven como si mereciéramos vivir. Todavía hay noches en las que despertamos sobresaltados, todavía hay temblores cuando regresan los recuerdos, pero en algún rincón, una pequeña luz ha comenzado a entrar.

No sabemos qué nos deparará el futuro. Solo sabemos que, si alguien abre su corazón, si alguien tiende la mano, daremos un paso hacia adelante. Porque, después de todo, aún queremos creer que allá afuera hay un verdadero hogar esperándonos.