
Este perro sufría de leishmaniasis, una enfermedad parasitaria que provoca síndromes en la piel, las mucosas y los órganos internos. Esta cruel enfermedad atormenta al animal, dejándolo tan delgado como un esqueleto. Su dueño no tuvo más remedio que pedirnos ayuda.
No había muchas posibilidades de salvarle la vida, pero sabíamos que si lo dejábamos allí, moriría sin duda. Así que me llevé a este pobre perro para probar el tratamiento, porque tenemos mucha experiencia con perros con leishmaniasis.

Al regresar con el equipo de rescate, se mostró muy dócil y cooperativo. Comía, lo cual era buena señal; aún se alimentaba, pero no lo suficiente para combatir los estragos de los parásitos. Mezclamos el medicamento contra las lombrices con su comida, con la esperanza de que lo ayudara a mejorar.
Después de cenar, el perro se durmió en una cama calentita con cara de cansancio. Le dimos más líquidos, pero seguía sin sentirse mejor; su cuerpo era solo piel y huesos. Así que, en cuanto amaneció, lo llevé al veterinario.
Al duodécimo día, el perro casi se sobrepuso a la muerte. Aún estaba delgado, pero se notaba que había recuperado el ánimo. Ya puede ponerse de pie y caminar, y también le encanta pasear al aire libre. Actualmente, puede comer solo y convivir felizmente con otros amigos en el refugio.

Debe haber sido un momento feliz y emotivo que todos esperaban con ansias.
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