Descubrimos a Halia, una perrita gravemente herida, abandonada y en urgente necesidad de cuidados. A pesar de nuestros mayores esfuerzos, falleció pacíficamente en un cálido abrazo de amor y compasión, recordándonos la fuerza y dignidad que existieron en su breve vida.

Un llamado de ayuda nos llevó a una escena desgarradora, donde una perrita yacía cerca de un contenedor de basura, atrapada en una situación profundamente triste. Estaba demacrada y apenas con vida, abandonada entre la basura después de haber sido atropellada por un vehículo.

De alguna manera, logró arrastrarse fuera de la carretera, pero sin la ayuda que desesperadamente necesitaba, quedó allí, paralizada y hambrienta, una imagen estremecedora del abandono.

Era evidente que había sobrevivido a un accidente traumático, posiblemente quedando sin la capacidad de caminar. Al verse obligada a sobrevivir por sí sola, se había convertido en una sombra de lo que alguna vez fue.

La llamamos Halia, que significa “recuerdo de un ser amado”, en honor a quienes han sufrido antes que ella. Sus ojos reflejaban una dignidad serena, insinuando su voluntad de sobrevivir, y nos dedicamos por completo a su cuidado.

Durante los primeros dos días, Halia mostró señales de esperanza. Su adrenalina le permitió incorporarse brevemente y comer pequeñas cantidades de alimento, que le proporcionamos con mucho cuidado para evitar el síndrome de realimentación debido a su prolongado estado de inanición.

Fue un comienzo prometedor, ya que parecía que poco a poco iba recuperando fuerzas, y teníamos la esperanza de que lograría salir adelante.

Lamentablemente, en el tercer día, el estado de Halia empeoró. Ya no podía levantar la cabeza ni mantener la comida en la boca, y el color pálido de sus encías era una señal clara de su deterioro.

A pesar de todos nuestros esfuerzos, sus fuerzas se desvanecían y la luz en sus ojos comenzaba a apagarse. Nos enfrentamos a la dolorosa realidad de que tal vez no sobreviviría.