A pesar de las dolorosas quemaduras que sufrió en la explosión de Iztapalapa, Cerecita no se da por vencida. 

Cuatro de sus cinco bebés no lograron sobrevivir, pero su pequeño milagro sigue aquí, fuerte y tomando leche en fórmula y también un poquito de la que su mamá alcanza a darle, porque Cerecita está haciendo todo lo posible aunque no produzca suficiente leche. 

Cada día es una batalla, pero Cerecita demuestra que el amor de una madre es más fuerte que cualquier tragedia. 

