Un perro con sarna severa y una gran herida en el cuello infestada de gusanos fue encontrado en una zona remota. Su cuerpo estaba maltratado y sufría mucho dolor.
Cuando los rescatistas se acercaron, el perro retrocedió asustado, rechazando el tratamiento. Estaba destrozado y vagaba aterrorizado por las calles.

Comprendiendo la urgencia, los rescatistas trataron inmediatamente los gusanos en la herida del cuello.

Le proporcionaron un espacio tranquilo, pero seguía temeroso, escondido en un rincón. Su herida en el cuello era grave y la sarna le había dejado la piel en carne viva.

El equipo procedió con delicadeza al tratamiento, pero el perro se mantuvo cauteloso y rehuyó la interacción. Su miedo dificultaba la atención constante.
Con el paso de las semanas, se produjeron pequeños cambios. Su miedo disminuyó poco a poco y empezó a mostrar cierta confianza.






