La última foto de Hachikō, tomada el 8 de marzo de 1935, muestra a los dolientes reunidos en la estación de Shibuya, rindiendo homenaje a un perro cuya lealtad jamás flaqueó. Durante más de nueve años, Hachikō esperó a diario a su dueño, quien nunca regresó. Su devoción se convirtió en un símbolo mundial de amor y fidelidad, inmortalizado en una estatua de bronce que hoy sigue atrayendo a millones de personas.
